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PLACIDO DOMINGO


En la historia de la lírica siempre hubo cantantes españoles de altísima calidad que están en la memoria de todos. Refiriéndonos sólo a los tenores, ¿cuándo han coincidido en el tiempo cinco verdaderamente eminentes, acaparadores de las carteleras en los principales teatros de ópera? ¡Nunca!

Una de esas relevantes figuras es la de Plácido Domingo, admirable cantante de poderoso aliento, temperamento apasionado, timbre subyugante, sonido bellísimo, pureza de tono y fraseo atractivo; voz importante, en suma, de acentos heroicos y fuego dramático cuando el personaje lo exige, y acariciadora y dulce si en otro momento lo requiere. Este singular tenor, al igual que les sucedía a los antiguos, canta todo y lo canta bien, por su gran preparación musical y su acertado concepto de la declamación lírica. Es un “spinto” de amplias facultades porque puede ir del “sí” natural y alcanzar, sin esfuerzo el “fa” sobreagudo con pureza cristalina, como hacía Hipólito Lázaro.

Plácido Domingo Embil, hijo de Pepita Embil y Plácido Domingo, célebres cantantes de zarzuela, nació en Madrid el 21 de enero de 1941. Marchó a los pocos años a Hispanoamérica donde sus padres iban a realizar una gira por aquellas tierras con la Compañía de Moreno Torroba. Finalizada ésta, decidieron permanecer en México encabezando una Compañía Lírica y en esta ciudad se hizo el futuro tenor. No necesitó esforzarse mucho porque todo fue llegando de manera natural. Asistía a las funciones en las que actuaban sus padres, y el mundo de la música, hacia la que mostraba clara disposición, se le fue haciendo familiar. Valga como muestra que una noche salió del teatro tarareando el intermedio de EL CASERÍO que acababa de escuchar. Tenía sólo cinco años.

Al tiempo que cursaba los estudios primarios comenzó a estudiar solfeo con el maestro Manuel Barajas y subió por primera vez al escenario para interpretar los papeles de niño en algunas obras. Ya siendo mocito, aunque la voz no estaba formada, comenzó a cantar zarzuelas como barítono. En los años siguientes su temperamento inconstante le llevó de una a otra actividad. Fue jugador de fútbol, quiso ser torero, intervino en comedias musicales como MY FAIR LADY, acompañaba a cantantes en las “boites” y hasta recibió ofertas para hacer cine. Por entonces, un amigo le sugirió que probase suerte en la ópera. Aunque Plácido pensó que no tenía voz para ello, aprendió varias arias y dio una audición en la Academia de la Opera de México. Gustó, pero el profesor le dijo que no era barítono sino tenor. Animado comenzó a estudiar en esta cuerda, además de piano, armonía y dirección de orquesta con Igor Markevitch. Tenía que dominar la voz y la forma de utilizarla. Cantaba bien, pero fallaba en el registro agudo. Tuvo que ir construyendo su instrumento vocal día a día y al fin lo logró.

Su debut como tenor tuvo lugar en 1958 en Veracruz con el papel de “Javier” en LUISA FERNANDA. Contrajo matrimonio con una estudiante del Conservatorio a la edad de dieciséis años, unión de la que nació su primer hijo. Con menos de un año de convivencia conyugal, la pareja decide separarse, divorciándose dos meses después.

Durante los años 1959, 60 y 61 hizo multitud de comprimarios sin salir de México. Fue “Borsa” en RIGOLETTO, el “Emperador” en TURANDOT, “Arturo” en LUCIA DI LAMMERMOOR, “Gastone” en LA TRAVIATA, el “Remendao” en CARMEN, “Casio” en OTELLO, el “Abate” en ANDREA CHENIER, “Spoletta” en TOSCA, “Goro” en MADAMA BUTTERFLY y muchos más. En total hizo cerca de sesenta partes de tenor secundario, y tuvo la oportunidad de cantar al lado de artistas de la fama de Cornell MacNeil, Giuseppe di Stefano y Manuel Ausensi. Su primer papel de protagonista fue el “Alfredo” de LA TRAVIATA que cantó en Monterrey.

En esta situación se hallaba cuando le dijeron que en el Teatro de la Opera de Tel-Aviv necesitaban un tenor, una soprano y un barítono. Habló de ello a Marta Ornella, que ya era su mujer desde el 1 de agosto de 1962, y juntos marcharon a Israel. Fue el 21 de diciembre de 1962. El contrato era por seis meses y permanecieron dos años y medio. En ése tiempo Plácido Domingo cantó 280 funciones y Marta 150 hasta que ésta sacrificó su carrera a favor de la de su marido. Tel-Aviv significó el más duro y fructífero de los aprendizajes sin dejar de estudiar. Cantó un extenso repertorio que después habría de prodigar por el mundo. De ahí arranca el Plácido Domingo que todos admiramos.

En 1967 se presentó en el Metropolitan como “Mauricio” en ADRIANA LECOUVREUR. Desde entonces no ha dejado de aparecer, temporada tras temporada, en el gran coliseo neoyorquino, cuya temporada de ópera ha inaugurado en numerosas ocasiones.

La presencia de sus padres en Barcelona, en el escenario del Gran Teatro del Liceo, la noche del 11 de enero de 1975, fue motivo de un sentido homenaje filial que les tributó el tenor dirigiendo desde el podio la zarzuela de Amadeo vives DOÑA FRANCISQUITA, en la que ambos cantantes actuaron junto a Angeles Chamorro,, Evelio Esteve y Conchita Panadés, en una velada que pasó a los anales zarzuelísticos del coliseo barcelonés.

Operas claves y muy importantes en su carrera son: DON RODRIGO en el Nueva York City Opera (22 de febrero de 1966) que le abrió todos los teatros de los Estados Unidos; AIDA en Hamburgo; DON CARLO en Viena; UN BALLO IN MASCHERA en Berlín, ópera que tuvo que aprender en tres días; ADRIANA LECOUVREUR en el Metropolitan, para sustituir en tres cuartos de hora a Franco Corelli; TURANDOT en la Arena de Verona, con Birgit Nilsson; HERNANI en la Scala, abriendo la temporada; LA GIOCONDA en La Zarzuela de Madrid; MANON LESCAUT en el Liceo; LA FORZA DEL DESTINO en el Colón de Buenos Aires; IL TROVATORE en la Opera de París; TOSCA en el Bolshoi de Moscú y PARSIFAL en Bayreut. Desde entonces ha recorrido varias veces estos teatros en distintas temporadas; se ha puesto al frente de las orquestas en muchas ocasiones; ha grabado infinidad de discos de índole diversa y sigue en primera línea sin ceder un punto. Impresiona a los auditorios por el realismo de sus interpretaciones y el color y la belleza de su voz. Tras más de treinta años de carrera pocos o ninguno puede igualarle. Es tan grande su prestigio, tan extraordinario su arte que Zeffirelli dijo de él: "Plácido es un equilibrado artista dramático que canta". Y el propio tenor ha tenido por lema a lo largo de su vida la palabra vasca “aurrerá” que quiere decir ¡adelante!.

1991 es una fecha muy significativa en su carrera, al cantar por primera vez PARSIFAL, en La Scala y bajo la dirección de Riccardo Mutti. Igualmente es destacable su primer “Siegmund” en DIE WALKÜRE en la Opera de Viena en 1992, y su debut en Bayreuth, que tuvo lugar con PARSIFAL en julio de 1993. Plácido Domingo, después de agotar el repertorio italiano y francés, ha incorporado varios papeles wagnerianos, con lo que se consagra como uno de los escasísimos cantantes latinos que ha triunfado en dichos roles cantados en alemán.

En el año 2000 tomó posesión de la dirección artística de la Opera de Los Angeles. Gran embajador de la música española en todo el mundo, Domingo ha empuñado recientemente la batuta para dirigir el primer disco de zarzuela del mexicano Rolando Villazón.


ROMANZA DE JAVIER (LUISA FERNANDA)



NO PUEDE SER (LA TABERNERA DEL PUERTO)



CANTO A LA ESPADA (EL HUESPED DEL SEVILLANO)

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